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Academia Colombiana de la Lengua

Academia Colombiana de la Lengua

Información general

La Academia no se llama Real. Es decir, existe una así denominada que es la Española, la original que se fundó en 1713. Su objeto era defender el idioma y tomó por empresa y sello propio el crisol al fuego con este mote: “Limpia, fija y da esplendor. Aludiendo a que en el metal se representan las voces, y en el fuego el trabajo de la academia, que reduciéndolas al crisol de su examen, las limpia, purifica y da esplendor, quedando sólo la operación de fijar...”. Siguiendo este mismo propósito se fueron creando, desde 1872, sendas Academias “correspondientes” de la Real Española en todos los países de habla hispana, hasta llegar a veintiuna en total, contando con la Norteamericana (reconocida en 1980) con sede en Nueva York; porque también hay que preocuparse por los millones de hispanohablantes que residen en los Estados Unidos. Cada Academia Correspondiente (ninguna de ellas se llama Real) recibe la denominación según el país: Academia Colombiana, Peruana, Panameña, Venezolana, Mexicana, en fin, conforme a cada nación.

Los países civilizados han considerado siempre su idioma como parte integrante de su nacionalidad, y como elemento prodigioso de cohesión espiritual y material entre sus gentes. Esa es la razón de ser de las Academias.

La Real Española, atenta a la unidad y defensa de la lengua, promulgó el 24 de noviembre de 1870 un acuerdo que autorizó la creación de “Correspondientes” en los países de habla hispana.

Academia Colombiana

La primera de todas, cronológicamente, fue la nuestra. Esta es una corporación autónoma. Su objetivo principal es el de trabajar con la mayor asiduidad en la “defensa y cultivo del idioma común, y velar porque su natural crecimiento no menoscabe su unidad”. La explicación es que la lengua es viva y va creciendo, con el peligro de que ese crecimiento no se haga conforme a su propia índole y desarrollo histórico.

La Academia, pues, por oficio estimula el progreso y desarrollo de la lengua, y procura señalar los términos y giros defectuosos que insensiblemente se van introduciendo en ella.

La Academia Colombiana ha tenido entre nosotros categoría de primera importancia “por su antigüedad, por los personajes ilustres que han figurado en su elenco, y por las labores intelectuales que en ella se han producido”.

Colombia se ha distinguido siempre por la afición a los estudios gramaticales y por el esmero en hablar y escribir de la manera más correcta posible. Así lo confirman en buena parte la prensa y, en general, los medios de comunicación social.

El lema de la Academia Colombiana se inspira en el grito de los polacos oprimidos hace siglos, que se lanzaron a defender sus hogares, lenguas y tradiciones: “La lengua es la patria”.

Fundación

La Academia Colombiana se fundó en 1871, basada en el decreto de la Real Academia Española por el cual se autorizaba la creación de Correspondientes.

En la elaboración del acuerdo había intervenido en Madrid nuestro compatriota José María Vergara y Vergara. Cuando regresó a Bogotá, quiso reunir en su casa a los señores Miguel Antonio caro y José Manuel Marroquín. Todos eran ilustres hombres de letras. El 6 de agosto de 1872 se instaló formalmente la Academia.

Los fundadores, además de los tres mencionados, fueron otras nueve personalidades de la filología, la educación, la política y la literatura, completando el número de doce, en recuerdo de las primeras chozas con que se fundó la ciudad. Eran ellos: Pedro Fernández Madrid, Felipe Zapata, José Joaquín Ortiz, Rufino José Cuervo, Santiago Pérez, Presbítero Joaquín Pardo Vergara, Manuel María Mallarino, Venancio González Manrique y Sergio Arboleda.

Actividades iniciales

La Corporación celebró numerosas sesiones, en que se presentaron trabajos de gran valía en el orden lingüístico y literario que se publicaron en el Repertorio Colombiano, una de las revistas más importantes de su época no sólo en Colombia sino en Suramérica. Tales trabajos se reimprimieron después en el Anuario de la Academia Colombiana. Fue secretario durante este periodo el insigne poeta romántico don Rafael Pombo.

Sesión especialmente memorable fue la celebrada el 5 de agosto de 1881, para conmemorar el centenario del nacimiento de D. Andrés Bello. En ella se dio premio al concurso sobre Cuestiones de Lenguaje a don Marco Fidel Suárez, joven hasta entonces desconocido en el mundo de las letras, quien después fue uno de los ilustres escritores colombianos, y llegó a ser Presidente de la República.

El periodo 1910-1997

Por causa de las guerras civiles en el siglo pasado, la Academia de la Lengua se vio obligada a forzoso receso, que se prolongó dadas las circunstancias políticas, hasta 1910, cuando la celebración del primer centenario de la Independencia reanudó labores.

Se eligió como Director a Monseñor Rafael María Carrasquilla, elocuente orador sagrado, filósofo, castizo escritor y rector por muchos años del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario.

Don Diego Rafael de Guzmán fue nombrado Secretario Perpetuo quien en su informe hizo una elegante relación de los antecedentes de la Academia y trazó semblanzas sobre los principales académicos fallecidos. Don Marco Fidel Suárez presentó en esa ocasión su precioso trabajo sobre “El castellano de mi tierra”. Monseñor Carrasquilla falleció en 1930.

Le sucedió el doctor Miguel Abadía Méndez, latinista, político de larga trayectoria, presidente de la República. A don Diego Rafael de Guzmán lo reemplazó en 1920 como Secretario Perpetuo don Antonio Gómez Restrepo, historiador de la literatura colombiana, elegante escritor y poeta.

Falleció el doctor Abadía, ocupó la dirección don José Joaquín Casas, varón de castizo sabor terrígeno y de elegantes y nutridas obras en prosa y verso.

Después del doctor Casas vino don Luis López de Mesa, médico eminente, sociólogo, historiador, Ministro que había sido de Educación Nacional y de Relaciones Exteriores.

El R. P. Félix Restrepo, S. J., fue nombrado Director en 1955, duró diez años al servicio de la Academia. En este periodo la entidad recibió un vigoroso impulso. Se aumentó el número de individuos de Número y de Correspondientes. Se liquidó un antiguo litigio tocante al antiguo edificio que poseía la Academia en la carrera 7a. Con calle 19, por donación de la República; se adquirió por donación del Distrito de Bogotá el terreno donde hoy se levanta la actual sede. La construcción fue costeada en su mayor parte, con los fondos provenientes de la venta del edificio de la carrera 7a. El Padre Félix fue distinguido helenista, educador notable, varón de mucha actividad e iniciativa. Murió el 16 de diciembre de 1965. Le sucedió don Eduardo Guzmán Esponda, hasta su muerte el 13 de septiembre de 1988. Para sucederle se nombró al Padre Manuel Briceño Jáuregui, S. J., quien murió el 28 de octubre de 1992 mientras asistía a la celebración de los Quinientos años de la Gramática de Nebrija en Madrid (España). En la actualidad ocupa el cargo don Jaime Posada Díaz.

Mesa directiva

La nómina actual de la Mesa Directiva consta de: El Director: don Jaime Posada Díaz; el Subdirector don Jaime Sanín Echeverri, el Tesorero don Rodrigo Llorente Martínez, el Director de la Biblioteca don José Joaquín Montes Giraldo y el Censor don Diego Uribe Vargas. El cargo de Secretario Perpetuo que ocupada el recientemente fallecido don Ignacio Chaves Cuevas, se encuentra vacante.

Carácter de la Academia

La Academia Colombiana de la Lengua es persona jurídica con derecho privado, según resolución del Ministerio de Gobierno del 22 de julio de 1912 y, según resolución de la Corte Suprema de Justicia, del 4 de marzo de 1940, es “una corporación de derecho privado de las contempladas en el Código Civil, artículo 633 y siguientes, y como tal debe ser tratada”. La Academia no es dependencia oficial, pero ni siquiera lo que los tratadistas de Derecho llaman establecimiento público, es decir, una dependencia del Estado, pues tiene personería, bienes y rentas propias. El Estado le asigna una subvención anual.

La Ley 2a. De 1960 declara que la Academia es Cuerpo Consultivo del Gobierno para cuanto se relaciona con el idioma y la literatura patrios, y la Defensa del Idioma”, el artículo tercero determina “Día del Idioma” el 23 de abril, aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra, Príncipe del Idioma.

Vida de la Academia

Se reúne quincenalmente los lunes, se ocupa de estudios del lenguaje, en el fomento de la filología hispánica y la literatura nacional. Más aún, colabora con la Real Española y las demás “asociadas”, en la preparación de la Gramática y el Diccionario Oficial, llama a certámenes públicos, publica el Boletín que recoge documentos de los académicos.

También celebra sesiones públicas solemnes. Entre ellas el 6 de agosto, aniversario de la fundación; el 23 de abril, Día del Idioma y siempre que se posesiona un miembro de Número.

Pero hemos hablado de las Academia “Asociadas”. Es que existe una “Asociación” de las veintiuna, denominada Comisión Permanente de Academias de la Lengua Española con sede en la Real de Madrid. Allá se han enviado por turno delegados de cada una de las nacionales, a donde llegan los informes e inquietudes de cada Academia “Asociada Correspondiente” de la Real. Esta Corporación hace de vínculo permanente de unidad y solidaridad en relación con el idioma.

Los académicos

De los miembros que conforman la Academia los hay de varias clases: los de Número (veintinueve, conforme a las letras del alfabeto castellano), los Correspondientes Nacionales (veinticinco residentes en Bogotá, y otros tantos fuera de ella), los Extranjeros, y, finalmente los Honorarios.

Los miembros de Número tienen voz y voto, ocupan sendas sillas distinguidas por una letra, la cual tiene a su vez una historia según su antecesor, de modo que hay siempre a quien emular o superar si fuese el caso. Ellos son elegidos entre los correspondientes nacionales residentes en Bogotá “que se hayan distinguido por su colaboración en los trabajos del mismo”. Su obligación es “contribuir con sus trabajos filológicos o literarios a los fines de la Academia, desempeñar las comisiones que ésta les encomiende, asistir a las juntas y votar en todos los asuntos que lo requieran”.

Los Correspondientes son, diríamos, candidatos para ocupar, por elección, cualquier silla que quede vacante. La Academia los escoge entre escritores, literatos, filólogos, gramáticos distinguidos o profesores eminentes; su oficio en contribuir con los de Número “al desempeño del mismo objeto con las noticias y luces, manteniendo buenas relaciones con el Cuerpo, y cumpliendo los encargos que éste les diere

Ser Honorario es una distinción, es un supremo grado, en el cual se disfruta de todos los derechos de Número y no hay obligación de aceptar comisiones o encargos onerosos.

Comisiones

Por otra parte, existen en la Academia varias comisiones de trabajo, entre ellas las de Lingüística, de Defensa del Idioma y la de Vocabulario Técnico. La Comisión de lingüística se encarga de estudiar todos los giros que se usan dentro del común de la gente sin que sean necesariamente admitidos en el Diccionario Oficial, le sigue el rastro a dichos términos, su formación etimológica y su frecuencia de uso, lo propone ante la Comisión Permanente y que de acuerdo con la idiosincrasia del idioma, sea admitido como nueva palabra. Se reúne quincenalmente y está integrada por académicos de todas las regiones del país.

La Comisión de Vocabulario Técnico está formada por representantes de Ingeniería, Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, Arquitectura, Economía y Humanidades.

Es un hecho que, a diario, aparecen realidades nuevas, o productos de origen extranjero que vienen con nombre así mismo extraño, o inventos desconocidos hasta ahora. Para entendernos le llegan al idioma, de modo alarmante, acervos de palabras y aún giros nuevos tomados del inglés. En otros tiempos venían del francés. Lo ordinario antes, era que los términos técnicos se formaran del griego y se castellanizaran conforme a la idiosincrasia de la lengua.

Hoy pudiera hacerse lo mismo si se consultaran en cada país las Academias. Estas las estudiarían, las remitirían a la Real de Madrid la cual, a su vez, las remitiría a las Academias Asociadas Correspondientes de la de España, y se incorporarían en el Diccionario Oficial. Este es el procedimiento que ayuda a la conservación de la unidad del idioma. De modo que la misma palabra que designe un nuevo producto de comercio internacional serviría para todo el continente y la Península Ibérica.

Esas innovaciones o neologismos son en realidad voces o giros o expresiones o, incluso, acepciones nuevas de una palabra o manera de decir que ya existía. Son préstamos, adaptaciones, calcos o palabras extranjeras que el pueblo adopta caprichosamente, al oído. En los talleres se emplea con frecuencia donde se lavan, limpian y brillan los vehículos el nuevo verbo “polichar”, que no es sino una acomodación del inglés pulish (up) (pronunciado polish), y así por el estilo. Haría falta alguien, una entidad seria, científica, que orientara el idioma. Ella existe y es la Academia.

No se trata de atajar la vida de la lengua, sino orientarla, conforme a su manera de ser. Más aún, existe un vocabulario especializado en los negocios, comercio, imprentas, conductores o choferes, sistemas, albañiles, carpinteros, colegiales y tantos oficios y profesiones, para servir al cual se creó la Comisión de Vocabulario Técnico. El camino es consultar a la Academia las dudas. Existe precisamente una Oficina de Información y Divulgación que atiende constantes consultas o preguntas telefónicas de carácter idiomático, de altos funcionarios del gobierno o de maestros, de colegiales, o aún de niños de escuela elemental que acuden personalmente. (Teléfono 3426296)

Académicas

Hasta hace poco no se había elegido a ninguna mujer como académica. Sólo en 1980 se decidió la aceptación de elementos del sexo femenino para integrar el personal de la Academia, como ya lo habían hecho varias corporaciones, entre ellas la Real de Madrid. Hoy (2006) podemos contar con tres de número y varias correspondientes.

Defensa del idioma

A propósito del oficio de la Academia, conviene recordar que existe la Ley (002 de 1960) del Congreso Nacional, llamada “Ley de Defensa del Idioma Patrio”, y otras más, (Ley 14 de 1979) que tiene un alcance patriótico notable. El artículo primero de la reglamentación de esta última decreta -son palabras textuales- que el “uso correcto de la lengua española que es la oficial y nacional y cuya defensa se propone la Ley 14 de 1979, proscribe no solamente el empleo de voces o palabras en idioma extranjero, en los documentos y casos a que dicha ley se refiere, sino el de construcciones gramaticales ajenas a la índole de la lengua española”.

Además un decreto (No. 707 de 1938) “por el cual se instituye el Día del Idioma determina en su artículo segundo que los establecimientos de enseñanza primaria, secundaria y normalista, los respectivos maestros o profesores dictarán (el 23 de abril) conferencias sobre el idioma castellano, y darán lecturas a trozos escogidos de El Quijote o de obras célebres de la literatura española”.

Precisamente, con motivo del Día del Idioma, en Bogotá, la Academia invita todos los años como representantes de los diversos colegios a los mejores alumnos de último grado, se les dicta una conferencia y se les entrega un diploma. Y no sólo a ellos, también a colegios enteros de municipios y ciudades vecinas, en el Paraninfo de la Academia reciben conferencias sobre el idioma. Ojalá que de todo el país se comunicaran las inquietudes idiomáticas. Sería un triunfo.

Escudo de la Academia

Escudo partido en dos: El 1.º de gules y un castillo partido en piedra, mazonado y aclarado en azur, el 2.º de plata y un árbol al natural, terrazado de sinople, del cual se desprenden hojas y frutos, y cuyo tronco está acostado de dos retoños del mismo. En jefe de azur una estrella de plata de seis puntas. Por timbre, tras el escudo, una águila de sable coronada de oro, lampasada y membranaza de gules, con sendas granadas abiertas de oro y gules, sostenidas en sus garras. Por divisa las palabras: La Lengua es la Patria.


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