Las cornisas de Brezo es una novela que invita a descubrir el placer de
la aventura en el medioevo italiano.
La obra, perfectamente lograda por la brillante narrativa de Juan Manuel
Camargo, expone un modelo novelístico difícil de lograr. El autor muestra su
madurez literaria y se enfrenta al reto de combinar el suspenso y la
cotidianidad europea dentro de los rigores de una tragedia silenciosa.
La prosa de Camargo construye a Brezo, una porteña ciudad italiana, que no
corresponde a ningun lugar geográfico. Sin embargo, la imaginación le entrega
una coordenada en el mapa de los buenos relatos.
En ese puerto ocurre el milagro del amor y la muerte. Los hilos emocionales
sirven de tejido a un recorrido por las intrigas burocráticas y eclesiásticas.
La historia común de Europa, en una época macabra, se deja trazar por la pluma
argumental que motiva a Clío a formar parte de la ficción sin perder su
objetividad. Fascinante opción.
La realidad italiana pasa a las filas de la literatura sin mostrar recelo.
La ficción por su parte encaja de maravilla en la narrativa que toma su
solidez estructural entre los diálogos y las situaciones de los personajes.
El lector paseará dócil y sorprendido por entre los vericuetos propios de
los pequeños nudos y desenlaces. Rutas que no concluyen sino que edifican un
mundo de sensaciones.
Las costumbres dan paso a un recurso refinado como es la exploración
axiológica de una época laxa. En aquel tiempo, el mal llegó convertido en un
contrabando de cadáveres.
El ilícito le sirve de trabajo a un abogado honesto (extraña, pero válida
paradoja) para indagar sobre los secretos de alcoba de una dama casquivana y
ciega apodada Justicia.
El telón de la realidad novelada se abre y Las cornisas de Brezo
muestra su sabor a tierra medieval. Cada huella, cada suspiro de sus
protagonistas llevan el sello de una Italia sumida en un organizado caos
social manejado por el soborno.
La Historia toma de la mano los ingredientes sociológicos y humanísticos
para mezclarlos en una situación ficticia. La combinación produce tiempos
reales que se incrustan en una especie de documental.
El Papa y sus poderosos negocios se ensañan contra un judío que, por
intereses mercantiles, decide comprar su derecho a ingresar a la Iglesia
Católica sin renunciar a su credo. El Duque, amo del gobierno civil, mira
descomponerse su poder bajo el acecho delictivo de la conspiración. A fuera
del círculo de la intriga, el gonfaloniero intenta aplicar conceptos jurídicos
sobre el delito legalizado. Ese es el eje temático sobre el que gira una
comunidad en crisis. Crisis sin el cual el caos, que la satura y dirige, no
puede vivir.
El romance no es ajeno a la trama. El abogado probo lucha por salvar su
relación con Raquel, la hija del judío contrabandista de tapices. La
persecución de los poderes legalistas y la religión del amor los acosa sin
misericordia. En ese escenario, de urbe enferma, se unen el odio, la ambición,
la intriga, los venenos, la pantomima y el juez de toda conducta política: la
traición.
La felonía emparentó a los personajes con sofismas tejidos sobre
posibilidades e ilusiones y Brezo, el silencioso fondeadero, gesta en sus
entrañas un castigo general. La ira de Dios llegó en barco y...
Eberhard Schulter, capitán del Ángelus, dejó que su conciencia se
adaptara a los trámites criminales para entregar su carga a la desgracia.
Sobre el final de esa singladura comienza la trama que llevará a la ciudadanía
de Brezo a soportar una calamidad feroz.
En las callejuelas nadie sospecha nada. Excepto Euno, un jorobado que
encarna la desproporción moral de la Edad Media. La venganza de lo miserable
sobre lo ruin entra en acción.
La peste bubónica o negra se incuba en los bajos fondos. En este punto,
Las cornisas de Brezo incursionan de modo magistral sobre las prácticas
medicinales que intentaron en vano detener la enfermedad.
La peste negra, devastadora pandemia que asoló Europa en el siglo XIV, mató
cerca de un tercio de la población del continente. En Brezo, la epidemia
encontró un lugar donde su avance se topó con el talento de Novaciano, un
libre pensador médico que lucha contra lo desconocido. La novela cambia de
rumbo y se enriquece con viejos conceptos y técnicas para enfrentar aquella
situación nefasta.
El volumen de Camargo explica, con detalle investigativo, las prácticas de
patología. Este aspecto le da a las páginas un viraje sustancialmente
edificante y encantador. La crónica sobre los estragos de la peste escribe un
tratado dentro del corazón del texto.
El lector disfrutará de los placeres y dolores de viajar por Las
cornisas de Brezo, un desembarcadero donde lo imaginario es real.
Julio Ricardo Castaño Rueda
Julio Ricardo Castaño Rueda nació en Bogotá el día de San Juan Bosco del
año de 1962. Se formó en las disciplinas del periodismo, la investigación y la
historia. Es autor de los libros Tristeza sin retorno y Sangre de
poetas.
Entre sus obras inéditas están los siguientes trabajos: Crónicas María
de Chiquinquirá: reina, campesina y mártir, Kronos, los silencios del
olvido. Sandalias y relatos.
Investigación: Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, historia,
arte y tradición.
Prosa: Amaranto y ámbar.