José María Cordovez Moure, nacido en Popayán, Colombia en 1835 y muerto en Bogotá en 1918, es hijo de don Manuel Antonio, un emigrado chileno que sentó sus fueros en Colombia.
La quiebra y las penurias forjan la vida de José María en las aulas del Colegio de San Buenaventura. Sin embargo, el esfuerzo académico triunfa. La actividad universitaria le otorgó el grado de abogado en el Colegio de Nuestra Señora del Rosario. La profesión pasa por el desempeño de varios oficios en el puesto de tendero en el almacén de su padre.
Las buenas relaciones interpersonales lo convierten en un empleado público inamovible. Entre sus cargos se destacan el de cónsul general de Chile en Bogotá, inspector de ferrocarriles, síndico de los hospitales San Juan de Dios y el Buen Pastor. Además, administró las salinas de Chita. Eso sin contar con la apasionada ruta burocrática gastada en viajes por los consulados de Europa y los Estados Unidos.
Las
Reminiscencias de Cordovez Moure corroboran el valor de la crónica certificado por la historia, con un cronista que mantiene oculta su filiación incluso cuando aborda los episodios de efervescencia política. Sus páginas son el recuerdo de los siglos santafereños.
Es vital leer las
Reminiscencias para entender la tradición de aquéllos que aman las peripecias del detalle, la ironía devastadora, la narrativa seductora, la anécdota jocosa y la burla descarada que azotó a un intocable lejano.
En ocho volúmenes, las
Reminiscencias recogen, con frecuentes notas de humor o incluso, a menudo, una maliciosa afición a los detalles morbosos, anécdotas de la vida de Colombia que incluyen guerras civiles, batallas y revoluciones, personajes célebres y escenas de la vida cotidiana.
En los relatos de Cordovez Moure, que presentan enumeración de detalles minuciosos y cuadros de costumbres, se aprecia una completa ambientación que enmarca las circunstancias en las cuales se desenvolvieron los grandes sucesos económicos y políticos de la historia de Colombia.
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Las Reminiscencias de Cordovez Moure corroboran el valor de la crónica certificado por la historia, con un cronista que mantiene oculta su filiación incluso cuando aborda los episodios de efervescencia política. Sus páginas son el recuerdo de los siglos santafereños. Su fidelidad es un relato de hogaño.
La obra es el libro bogotano por antonomasia. En él se educó la corrosiva chispa del cachaco y su lenguaje punzante. No se puede ser un chapineruno de pura cepa sin la bendición de Cordovez. Es vital leer las Reminiscencias para entender la tradición de aquéllos que aman las peripecias del detalle, la ironía devastadora, la narrativa seductora, la anécdota jocosa y la burla descarada que azotó a un intocable lejano.
La vigencia de sus notas no pierde actualidad. Los misterios del comportamiento ‘rolo’ permanecen retratados en las series diseñadas para estudiar las costumbres del altiplano.
En ocho volúmenes, las Reminiscencias recogen, con frecuentes notas de humor o incluso, a menudo, una maliciosa afición a los detalles morbosos, anécdotas de la vida de Colombia que incluyen guerras civiles, batallas y revoluciones, personajes célebres y escenas de la vida cotidiana.
En los relatos de Cordovez Moure, que presentan enumeración de detalles minuciosos y cuadros de costumbres, se aprecia una completa ambientación que enmarca las circunstancias en las cuales se desenvolvieron los grandes sucesos económicos y políticos de la historia de Colombia.
La oralidad es el secreto de las Reminiscencias. Ellas fueron escritas con base en el vigor de la literatura oral. El relato verbal se apoltronó en las tertulias de la Calle del Comercio. Se editó en el altozano de La Catedral y se publicó en el periódico El Telegrama. Desde entonces, sábado 18 de julio de 1891, se regaron como las palabras del Sembrador.
Los barrios de Las Cruces, Santa Bárbara, San Jorge, El Príncipe, San Victorino y Las Nieves las cultivaron en sus charlas de salón hasta seducir a los encuadernadores del costumbrismo. Las publicaciones, editadas en volumen, se dispusieron a derrotar el olvido.
Los renglones edificaron, con la arquitectura del signo, la cátedra de las vivencias. Sus letras se convirtieron en las neuronas de la memoria urbana.
La invaluable identidad capitalina por fin logró un lugar para no perecer. Los recuerdos hallaron un sitio de preferencia en las bibliotecas fabricadas con maderas de cedro negro. La Ciudad del Águila Negra, aún pueblerina, donde las cosas sucedían entre dos grupos casi por completo separados: los ilustrados y el pueblo, embelesó su corazón con el pulso de las Reminiscencias.
El embrujo que brota de la destreza caligráfica de su creador ha cautivado lectores en tres siglos. Desde el convulsionado romanticismo decimonónico hasta el cibernético siglo XXI.
Las descripciones encajan dentro de la intemporalidad de cualquier casona de Teusaquillo o Muequetá porque son parte del museo social. Las Reminiscencias son un antídoto contra las amnesias ciudadanas.
El motivo es simple. Siempre será un plato exquisito servido sobre el mantel de la cotidianidad. Su sabor penetra los recovecos del paladar lector. Es un postre que embriaga con la seductora hidalguía de la magia bogotana.
Lo maravillosa corporeidad de su nostalgia bohemia le permite ajustarse a diferentes gustos. Se puede leer de atrás hacia adelante o viceversa. De la mitad al final o de acuerdo con los temas seleccionados.
Tabla de contenido
- José María Cordovez Moure
- Reminiscencias de Santafé y Bogotá, por Julio Ricardo Castaño Rueda
Serie I
- Dedicatoria de la primera edición
- Prólogo de la primera edición
- Bailes
- Los colegios y los estudiantes
- Espectáculos públicos
- Fiestas religiosas
- Crímenes célebres
- El crimen de Hatogrande
- En Los Alisos
- La Quinta de Ramos
- Episodios sangrientos
- Glosario
Serie II
- Prólogo
- Mártires de ogaño
- Tras la tormenta viene la calma
- Represalias
- El hogar doméstico
- Los cazadores
- Fiesta de san Simón
- La fiesta de los Reyes
- Carnestolendas
- Corrida de gallos
- Las fiestas de toros
- El 20 de julio de 1872
- El 7 de marzo de 1849
- Todo reino dividido será destruido
- De 1851 a 1853
- Luisa Armero
- Glosario
Serie III
- Prólogo
- La raza maldita
- Doña Manuela Sáenz
- Un viaje de recreo
- Miguel Perdomo Neira
- Nieves Ramos
- Juicio de Dios
- El Alacrán
- Un duelo
- Los chircaleños
- Los guerrilleros
- Glosario
Serie IV
- Prólogo
- La conspiración del 25 de septiembre de 1828
- Confesión de Horment
- Declaración de Zuláibar
- Declaración de Azuero
- Sentencia del consejo de guerra
- Declaración del general Padilla
- Declaración del coronel Guerra
- Sentencia del comandante general
- Sentencia del general Padilla
- Sentencia contra el general Santander
- Una epopeya militar (la campaña de 1862)
- Un fragmento de historia
- Relación de la defensa del convento de San Agustín en los días 25 y 26 de febrero de 1862
- Otro duelo célebre
- Una explosión inesperada
- Artes, ciencias y oficios
- Glosario
Serie V
- Prólogo
- El vicario general del Ejército Libertador
- Roncoy, el último verdugo de Santafé
- Delirium tremens
- Don Ignacio Tenorio Carvajal, excursionista, jesuita y oidor
- Beneficencia y cárceles
- Un juicio por jurados
- Anécdotas
- Historia de un libro
- Pot-Pourri
- Glosario
Serie VI
- La conspiración del 23 de mayo de 1867
- Glosario
Serie VII Un viaje a Europa
- Preámbulo
- En el Barrio Latino
- Extravagancias
- En marcha
- Nueva York
- Los yanquis
- Londres
- Flema británica
- En Francia
- La República
- Bélgica
- Holanda
- Alemania
- Suiza
- Italia
- Roma
- Nápoles
- Loreto
- El mar azur
- Tolón
- Marsella
- España
- Barcelona
- Zaragoza
- Madrid
- El Escorial
- Toledo
- Burgos
- La Cartuja
- Haití
- Glosario
Serie VIII
- Recuerdos autobiográficos
- Preámbulo
- Los primeros años
- Años 1838-1844
- Año 1845
- Año 1846
- Años 1847-1848
- Año 1849
- Año 1850
- Año 1851
- Año 1852
- Año 1853
- Año 1854
- Año 1855
- Año 1856
- Año 1857
- Año 1858
- Año 1859
- Años 1860-1861
- Año 1862
- Año 1863
- Años 1864-1865
- Año 1866
- Año 1867
- Años 1868-1870
- Años 1871-1872
- Años 1873-1874
- Años 1875-1876
- Años 1877-1878
- Años 1879-1881
- Años 1882-1885
- Años 1886-1888
- Año 1889
- Últimos recuerdos
- Nota biográfica sobre el general Arjona
- Glosario