Francisco de Paula Carrasquilla
Francisco de Paula Carrasquilla nació en Bogotá el primero de febrero de 1855 y murió en 1897. Sus estudios los inició en el seminario para pasar al Colegio San Bartolomé. La única fuente disponible acerca de él en un aspecto personal es Juan de Dios Uribe (el Indio), texto que se incluye en la presente reedición, mientras que sus escritos agrupados como libros apenas tuvieron ediciones únicas: Tipos de Bogotá (1886), Epigramas (1887) y Retratos instantáneos (1890). Fue redactor de algunos periódicos literarios: El Museo Social (1882) y El Látigo (1884).
En sus apuntes se nota el moralista evidente, un típico personaje del ámbito privado de los calambures que caracterizaban al desaparecido cachaco, si bien podemos sospechar que no era sólo un Quevedo trasplantado a los Andes sino, incluso, un dandy, lleno de desparpajo con un gran halo de vanidad intelectual: tal vez esa suficiencia, ese mantenerse por encima de su espacio, a través de sus juegos verbales, lo llevó a su actual anonimidad: no padeció condena como aquélla de “nadie pronuncie el nombre de Eróstrato”.
Tipos de Bogotá es una colección de escritos costumbristas. No está de más citar a Juan de Dios Uribe:
El escritor debe aventurar por su cuenta aunque sean disparates, que suelen ser el principio de las verdades.
Tipos de Bogotá está conformado por los siguientes artículos; La aguadora, El tinterillo, El recluta, La vergonzante, El usurero, La beata, El albañil, El diputado, El músico de cuerda, El contratista, El chicharronero y El recién llegado de Europa. Tipos de Bogotá es una colección de artículos que merece leerse, de más fácil digestión que los brillantes epigramas o los retratos de Francisco de Paula Carrasquilla, los cuales tenían implicaciones inmediatas en la época del autor pero que se han diluido por el paso del tiempo, donde los personajes que deberíamos reconocer al instante están sepultados por más de cien años de olvido, y de muchos de los cuales sólo queda el empeño satírico con que este maestro de la ironía los capturó en cinco líneas o menos; el libro está ilustrado con acuarelas y dibujos de Ramón Torres Méndez.
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En las escasas referencias literarias a Francisco de Paula Carrasquilla se citan los Tipos de Bogotá como colección de escritos costumbristas, a nuestro juicio son más bien unas divagaciones en que se deja llevar por sus empeños en hallar el ridículo y la singularidad de un personaje que tenía preconstruido en su mente, que no compromete de forma necesaria la creación del ‘estereotipo’ sino el placer de llevarlo al papel y dejar que allí actúen por igual el instinto y la reflexión, no está de más citar a Juan de Dios Uribe: El escritor debe aventurar por su cuenta aunque sean disparates, que suelen ser el principio de las verdades. En La aguadora vemos pintada a una mujer del pueblo, en uno de los más bajos peldaños de la escala social. El tinterillo, sí goza de la actualidad que le corresponde, aunque ha mudado algunas de las características relativas a la moda, y bien puede haber dejado la soledad en que lo muestra Carrasquilla para integrarse en un ‘gremio organizado’, al notar las ventajas de la murmuración en sociedad y del estatus que garantiza la integración laboral en calidad de parásito, que ha desarrollado, por gracia de la evolución, las más admirables habilidades miméticas, y hasta que se haga pasar por un respetable funcionario. El recluta es, en cambio, aquel personaje anónimo que forjó la historia, y que puede seguirla forjando. En La vergonzante se puede convertir en víctima de uno de sus propios epigramas, llevado por la piedad. El usurero es un pequeño ‘viaje espiritual’ por un camino previsto, el triunfo de la voluntad y el final triunfo de la avaricia. El maligno placer del chisme, el falso convencimiento de estar en el selecto espacio de la justicia y la rectitud se leen en La beata, agente incansable de la divinidad que espera tener su banco en el lado de los acusadores el día del Juicio Final. En El albañil hay menos seriedad, más empeño en el apunte de costumbres y se recalca el itinerario esquemático. La diferencia entre el diputado y el tinterillo no es clara en esta época: los tinterillos pueden ser diputados y viceversa, pero para el tiempo del escritor era muy clara la división. En El músico de cuerda aparece uno de los juegos de palabras característicos del escritor-político-sociólogo, a la manera de un Wilde del Nuevo Mundo con empeños socialistas. El contratista es el más ágil de los artículos que conforman los Tipos de Bogotá; se alcanza a notar el maestro del epigrama. El barrio Egipto, cuna del chicharronero era uno de los típicos fortines históricos de Bogotá. El autor aparte de situar allí a su protagonista, lo ubica bajo un régimen matriarcal. El protagonista del El recién llegado de Europa es el gomelo (palabra que aún no se encuentra en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua), sólo que, para nuestra tristeza, si al gomelo se le gastan las prendas a la moda, no tendrá problema en reponerlas, a diferencia de lo que sucedía con el personaje de Carrasquilla. Tipos de Bogotá es una colección de artículos que merece leerse, de más fácil digestión que los brillantes epigramas o los retratos de Francisco de Paula Carrasquilla, los cuales tenían implicaciones inmediatas en la época del autor pero que se han diluido por el paso del tiempo, donde los personajes que deberíamos reconocer al instante están sepultados por más de cien años de olvido, y de muchos de los cuales sólo queda el empeño satírico con que este maestro de la ironía los capturó en cinco líneas o menos; el libro está ilustrado con acuarelas y dibujos de Ramón Torres Méndez.
Tipos de Bogotá
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