Guillermo Uribe Holguín (1880-1971) inició estudios en 1892 en la Academia Nacional de Música, donde tomó clases de violín con Ricardo Figueroa, de contrapunto con Augusto Azzali y de armonía con Santos Cifuentes. Abandonó la institución para cursar estudios particulares con el violinista panameño Narciso Garay.
En 1905, a su regreso de la ciudad de Nueva York, en donde había permanecido desde 1903, fundó la Orquesta Sinfónica de la Academia Nacional de Música, agrupación musical de la cual fue su primer director.
Luego de ello, en 1907, se trasladó a París mediante una beca de estudios otorgada por el Gobierno colombiano. Allí, en la Schola Cantorum, estudió composición con Vincent d’Indy y violín superior con Armant Parent.
Más tarde, en Bruselas, recibió algunas lecciones de violín de César Thomson. Su estancia en Europa, que se prolongó hasta 1910, le dio la oportunidad de entablar amistad con Manuel de Falla, Felipe Pedrell y Erik Satie.
A su regreso al país fue nombrado director de la Academia Nacional de Música, a la que inmediatamente elevó al nivel de Conservatorio. En la dirección permaneció durante 25 años (1910-1935), lapso en el cual fundó y dirigió tanto la Orquesta de la Sociedad de Conciertos del Conservatorio y la Revista del Conservatorio, publicación que apenas sobrevivió un año.
Al cabo de casi siete décadas de la primera edición publicada por Voluntad aparece ahora en formato digital el libro
Vida de un músico colombiano de Guillermo Uribe Holguín, con fotografías, anotaciones, una introducción a su obra y su catálogo revisado. El contenido es, a grandes rasgos, no sólo su autobiografía, hasta 1940, y el recuento de sucesos de la escena artística, social —y hasta política— de la capital de Colombia en las primeras décadas del siglo XX sino que actúa como defensa de una labor que plantó entre nosotros las bases de la práctica musical concebida como ejercicio profesional.
La edición de este libro fue posible gracias al apoyo de la Orquesta Filarmónica de Bogotá.
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Gracias al apoyo de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, al cabo de casi siete décadas de la primera edición publicada en Bogotá por Voluntad aparece ahora en formato digital el libro
Vida de un músico colombiano de Guillermo Uribe Holguín, con fotografías, anotaciones, una introducción a su obra y su catálogo revisado. El contenido es, a grandes rasgos, no sólo su autobiografía y el recuento de sucesos de la escena artística, social —y hasta política— de la capital de Colombia en las primeras décadas del siglo XX sino que actúa como defensa de una labor que plantó entre nosotros las bases de la práctica musical concebida como ejercicio profesional. En este sentido,
Memorias de un músico de Bochalema de José Rozo Contreras (1894-1976), publicado en Cúcuta en 1960, es apenas el recuento, sin duda emocionado, de sus peripecias más personales como estudiante en Alemania e Italia y, sobre todo, al frente de la Banda Sinfónica Nacional durante un extenso periodo de cuatro décadas.
Uribe Holguín se mantuvo al frente del Conservatorio durante 25 años, hasta 1935, cuando renunció en forma definitiva al cargo de director. Un sinnúmero de contratiempos tuvo que sortear el compositor para asegurar la marcha del plantel que había iniciado clases en 1910 con el nombre de Conservatorio Nacional de Música, fecha «memorable para todo el que ama el arte», como se lee en la autobiografía.
Entre muchas dificultades Uribe Holguín tuvo que sortear ciertas maquinaciones de colegas y enemigos gratuitos que no sólo dejaban en entredicho la labor de su director sino que, como afirma Julio Sánchez Reyes, provocaban «lamentables equívocos». Uno de los más sonados ocurrió en 1916; se refiere al supuesto «antinacionalismo» del compositor que «hicieron coincidir» con la afirmación de Gustavo Santos en la revista
Cultura según la cual es «nulo, completamente primitivo, el arte musical indígena», pese a que el compositor tan sólo se refirió a la falta de documentos que permitieran conocer o reconstruir algo del arte musical indígena. En esta controversia, de frecuente aparición entre artistas e intelectuales de la época, la música de Uribe Holguín, a quien se atacó como reo irremisible fue declarada contraria a un arte nacional como el que proponía Emilio Murillo Chapull (1880-1942).
De todo esto da cuenta el compositor en los 33 capítulos del libro, a través de los cuales conocemos aspectos de la sociedad bogotana desde finales del siglo XIX, de sus primeros pasos en el ejercicio musical enfrentado a las complejidades de un entorno político en formación, de su experiencia formativa en París, de sus primeras composiciones y, sobre todo, de la certeza de su idea de organizar una gran orquesta como núcleo de su proyecto artístico y cultural. En su primera etapa la Orquesta de la Academia Nacional de Música anunció en 1905 la presentación de su primer concierto en el Teatro Colón de Bogotá. Sin duda, todo un acontecimiento en la ciudad capital que, de esta manera, se aprestaba a escuchar un repertorio sinfónico a cargo de un incipiente grupo de músicos nacionales. En sus memorias el compositor recuerda que esta circunstancia hizo posible la creación de su primera partitura sinfónica —
Victimae Paschali, para solo, coro mixto y orquesta— a la cual seguiría en cinco décadas de trabajo más de un centenar de composiciones en todos los géneros incluyendo la ópera
Furatena, escrita en 1940. Un legado artístico que habla de la solidez de su formación musical y le otorga un lugar sin paralelo entre los compositores de su generación en América Latina.
En el capítulo XVI, entre el recuento de la maraña de intrigas que dio como resultado la clausura temporal del Conservatorio en 1932, el autor también hace memoria de las primeras giras internacionales que comenzaban a llegar a «estas alturas de los Andes», con solistas atraídos por las noticias de una escena musical que empezaba a destacarse por la seriedad y altura de su programación (la pianista María Carreras y el compositor ejecutaron, entre piezas de Franck y de Beethoven, su primera sonata para los dos instrumentos que había sido estrenada y editada en París). Esa nueva orientación al contenido de los conciertos contrastaba en forma significativa con el «miserable repertorio que exhibían de costumbre las compañías italianas» que visitaban la ciudad y que durante un buen lapso alimentaron la curiosidad musical de los bogotanos y de otras ciudades del país.
El capítulo XXI muestra a Uribe Holguín como conocedor de los asuntos contables, al analizar los recursos que destina la nación al sostenimiento de escuelas de música locales, al mismo tiempo se declara contrario a la multiplicación de las mismas y nota que esta proliferación está en favor de una «voraz burocracia».
De acuerdo con su personal concepción de la formación artística Uribe Holguín se apartaba de las «propagandas artificiales e inverosímiles, como la de llevar el arte sobre los camiones a los poblados», a favor de un proceso de estudios serios en cabeza de un conservatorio nacional eficiente y de una orquesta sinfónica «que viajara con regularidad divulgando la buena música en los centros más importantes de la república». El resultado final que perseguía una política así diseñada era el de contar con «músicos perfectamente formados y a la vez un público comprensivo» que contribuyera con su presencia a que la música en nuestro medio no continuara siendo considerada "una profesión envilecida". Como apoyo de ese argumento el libro incluye el listado de obras que ejecutó la Sociedad de Conciertos del Conservatorio en donde además del repertorio tradicional sinfónico figuran partituras de compositores contemporáneos como Taneiev, Turina, Wieniaswski, Lalo, Gershwin, Borodin, Fabini, Chausson, Debussy y D'Indy.
Guillermo Uribe Holguín dedica su autobiografía «A mis discípulos». En la introducción al libro el compositor escribe al lector ocasional:
«Mi vida ha sido de tal modo vinculada a la del arte musical patrio, que para escribir la una me he visto obligado a escribir también gran parte de la otra. La mía no tendrá más interés sino el que le da esa estrecha unión; en cambio la de la música en nuestro suelo lo tendrá para todo el que ame el arte y desee su prosperidad en Colombia».
Síntesis afortunada de una tarea cuyos resultados más elocuentes se manifiestan en la supervivencia de un espacio para el repertorio sinfónico en medio del empuje avasallador de músicas de efímera trascendencia.
Carlos Barreiro Ortiz
Bogotá, septiembre de 2010
Tabla de contenido
- Contenido
- Guillermo Uribe Holguín
- Cronología sumaria
- Guillermo Uribe Holguín y otros compositores latinoamericanos nacidos en el siglo XIX
- Un legado musical por descubrir, Carlos Barreiro Ortiz
- Bibliografía
- Publicaciones de Guillermo Uribe Holguín
- Partituras editadas
- Discografía disponible – Discos compactos
- Bibliografía consultada
- Otras obras consultadas
- Una autobiografía singular
- Vida de un músico colombiano
- Dos palabras
- I
- II
- III
- IV
- V
- VI
- VII
- VIII
- IX
- X
- XI
- XII
- XIII
- XIV
- XV
- XVI
- XVII
- XVIII
- XIX
- XX
- XXI
- XXII
- XXIII
- XXIV
- XXV
- XXVI
- XXVII
- XXVIII
- XXIX
- XXX
- XXXI
- XXXII
- XXXIII
- Obras que se ejecutaron en los conciertos de la Sociedad de Conciertos Sinfónicos del Conservatorio
- Catálogo de obras de Guillermo Uribe Holguín