Editores/fabricantes Adelaida Sourdis Nájera, Alfonso Velasco Rojas, Editores Ecoe Ediciones Editorial Nueva Oportunidad Epígrafe Ltda. Fundación Editorial Epígrafe Gonzalo García Valdivieso Sociedad Colombiana de Ciencias Hortícolas Universidad de Ibagué Universidad de La Sabana Universidad del Norte Universidad El Bosque
Categorías Libros digitales Administración Agricultura Antropología Arquitectura Arte Biografía Ciencia política Ciencias naturales Comunicación Cuento Crónica Derecho Derechos humanos Desarrollo económico Documento histórico Economía Educación Estadística Etnología Filosofía Finanzas Historia Humor Ingeniería Lenguaje Literatura Narrativa Novela Periodismo Poesía Política Prosa poética Psicología Relaciones internacionales Religión Salud Sistemas Sociología Teatro Turismo Urbanismo Libros impresos Administración Agricultura Arquitectura Biografía Comunicación Crónica Ciencia política Cuento Derecho Desarrollo económico Economía Educación Enfermería Estadística Filosofía Finanzas Historia Ingeniería Lenguaje Literatura Periodismo Psicología Religión Sociología Urbanismo
Por favor, escriba su dirección de correo electrónico para suscribirse
José Caicedo Rojas nació en Bogotá el 8 de agosto de 1816 y murió en esa capital el 20 de octubre de 1898. Caicedo pertenece a una generación de poetas-periodistas que se forjaron dentro del horno de los episodios sangrientos. Ellos vieron enarbolar la anarquía y su bandera de locura. Mientras Colombia crecía, sin la libertad de los liberados, su intelecto intentó oficiar una causa bella que se apoyó en su belleza interior. Su creatividad, en muchos campos afines, diseñó un ejemplo a seguir. Dentro de las humanidades se desempeñó con éxito. Entre sus actividades se cuentan las de educador, poeta, dramaturgo, ensayista, novelista y traductor, que son parte de su bagaje y herencia. Su pasión predilecta, el periodismo, la ejerció desde la tribuna de la vieja imprenta, siempre perseguida. Sus apuntes quedaron para la posteridad en varias publicaciones de interés general. El Repertorio Colombiano, El Mosaico, El Papel Periódico, El Neogranadino, El Pasatiempo y El Museo entre otros importantes medios le abrieron sus columnas. Redactó con los seudónimos de Celta, Damón y Yarilpa. Amante sin par de los hábitos vernáculos se dedicó a cultivar el costumbrismo que fue, sin duda, el resultante de una de las tendencias románticas que mejor exaltaron las diferencias del comportamiento regional en un país mestizo. Así, con sus textos generosos en cuadros de vivencias orientó la opinión pública hacia un tema muy exigente. La obra pertenece a la raza de un género propio más inclinado a la historia y a la etnografía que a la literatura: el costumbrismo. De la observación de los movimientos sociales y su evolución hacia la conservación se expresó en verso. En este campo dejó delicadas y eximias poesías entre las que se destacan: El primer baño de Eva y La fuente de Torca. Escribió también un libro de poesías y El álbum de los pobres, que es una bien lograda antología. Su delicada narrativa experimentó, en el campo del relato breve con intención manifestada en una moraleja, un aporte significativo en las fábulas. Sus enseñanzas y consejos dejaron huella. La novelística también le permitió gestar obras interesantes que ya no se recuerdan y que claman por una reedición. Por ejemplo, Los amantes de Usaquén, La espada de los Monsalve, La bella encomendera y Martín perulero son parte de su inmenso caudal literario que aún reposa en las bibliotecas desconocidas. Don José Caicedo cumplió con ayudar a convertir a la Bogotá de antaño en un centro literario. Sus trabajos aún perviven porque sus escritos respiran memoria y tradición.